Niños inquietos

Niños inquietos

Los niños, principalmente los más pequeños, son seres por naturaleza activos, curiosos y juguetones. Les gusta correr, saltar, tocar, explorar y debemos estar claros en que todo esto es parte fundamental de su neurodesarrollo y por su bienestar debemos procurar que lo hagan dentro del margen de lo que es seguro y apropiado para su grado de madurez.

Sin embargo, en algunos casos no tan infrecuentes, encontramos niños que parecen moverse más; niños que no parecen poder quedarse quietos, salvo en los momentos que alguna actividad capta demasiado su atención, no logran seguir indicaciones, interrumpen, impresionan particularmente impacientes y descuidados, “molestan” y terminan siendo blanco de regaños, castigos y rechazo sin que esto de ninguna manera mejore su conducta.

Vemos padres y maestros agotados y frustrados que pese a “haber probado todo” no logran ayudar al niño a funcionar lo esperado para su edad y capacidad intelectual, la cual con frecuencia se encuentra intacta.

¿Pero, por qué un niño inteligente que parece entender lo que se espera de él no logra demostrar sus conocimientos, no se comporta en el aula de clases ni en otros ambientes y no contiene los impulsos a pesar de meterse siempre en problemas?

Es probable que un niño con estas características padezca una condición del neurodesarrollo llamada Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y que efectivamente sin la ayuda profesional se le dificulte alcanzar todo su potencial. A pesar de que los niños con TDAH mejoran su inquietud motora al pasar la primaria, en muchos casos la impulsividad y dificultad atencional persiste incluso después de la adolescencia. Mas allá de esto, su condición podría agravarse al sentirse siempre el “malportado”, su baja autoestima pueda llevarlo a diversos problemas emocionales en la infancia y, sin tratamiento, su riesgo según innumerables estudios científicos, de padecer adicciones, obesidad, sufrir accidentes, relaciones inestables y problemas legales es altísimo hacia la vida adulta.

La buena noticia es que el TDAH, o ADHD por sus siglas en inglés, es una condición para la cual existen opciones de tratamiento seguros y eficaces que han demostrado beneficiar al paciente y disminuir considerablemente riesgos en el futuro.

Si usted sospecha que su hijo sufre de TDAH, debe cuanto antes buscar ayuda profesional y brindarle la oportunidad de demostrar todas sus capacidades y lograr sus metas a corto y a largo plazo.